martes, 22 de mayo de 2012

Plumas (y teclados) de acero

Unos dicen con retranca: "Los despidos nos pillarán preparando reportajes para el fin de semana". Otros han montado una movilización contra el ERE que les han planteado que va más allá de la rabia ciega y la pataleta, para convertirse casi en una campaña de publicidad para reflotar el periódico ("El Noticias necesita un plan", dicen. ¿Dónde han estado los jefes de publicidad todo este tiempo, que no han hecho nada parecido para frenar la caída de anunciantes?). Son mis ex compañeros de El Mundo del País Vasco y el Grupo Noticias, gente de una pasta especial. Currantes apasionados por escribir las pequeñas y grandes historias que sirven para envolver los bocadillos de mañana. ¿Cómo no ser especial, teniendo que jugar a diario con la transcendencia y la levedad de las cosas?

Y yo, que me fui de esto del periodismo hace justo un año tras algún que otro desengaño pero muchas más alegrías, me muero de pena mientras todo este mundo se resquebraja. Me gustaría estar con vosotros. Intentaré estarlo las veces que pueda (este sábado, frente al Palacio de Navarra). Sobre todo, quiero mandaros ánimo. Mucho ánimo y apoyo a la gente de Noticias de Gipuzkoa, Diario de Noticias, Noticias de Álava, Deia, Efe, El País, El Mundo, Público, la gente de la tele y la radio... A todos con los que tantas esperas y ruedas de prensa he compartido.

Y quiero pensar que la situación remontará, que puede haber un nuevo renacer de este oficio de juntar letras que quizá salve la esencia de la profesión, de paso, y deje atrás los juegos de intereses, la contaminación, el miedo y la caspa que viene acumulando, a nuestro pesar.  

En estos momentos, me gusta pensar que lo bueno del periodismo es que las herramientas para seguir haciéndolo están al alcance de nuestra mano. Que podemos seguir escribiendo aunque el consejo de administración de turno haya decidido cerrar el grifo. Sé que hay hipotecas que pagar, pañales que comprar, letras esperando ser abonadas... Pero también sé que el futuro del periodismo que está por venir depende de lo que hagamos ahora: de no parar, de no resignarnos, de montar (¿por qué no?) algo por nuestra cuenta.

Y acabo con una  cita de Conan que viene al pelo:

"¿Qué es el acero comparado con la mano que lo maneja? Fíjate en la fuerza de tu cuerpo. ¡El deseo de tu corazón!".

Pues eso: ¡empuñemos con fuerza nuestras plumas de acero!

jueves, 1 de diciembre de 2011

Un borrador de la Historia

Ahora que el periodismo va a ser más afición que profesión para mí, recuerdo un libro que me regalaron y luego perdí, con algunas las grandes verdades de andar por casa de esta bendita ocupación.

Recuerdo lo mucho que me reí de cómo los autores ironizaban sobre las mil y una veces que aprendimos en la facultad aquel esquema de emisor-receptor-canal-mensaje-ruido, con el que los profesores intentaban elevar a ciencia una profesión que poco o nada tiene que ver con los cuadros sinópticos.

Como digo, perdí el libro y no es fácil localizarlo, pero tengo dos apuntes de aquella lectura.

"¿Quién diablos lee el segundo párrafo?" (página 270)
"Si no carburo en un día como estos mejor lo dejo -pensó, mientras se acomodaba frente a su ordenador para, como dijo alguien, escribir un borrador de la Historia, pues eso es lo que en justicia ofrecía a diario la prensa de todo el mundo. O, al menos, eso es lo que debía ofrecer a sus lectores". (página 242)

Y aquí van dos enlaces sobre la cosa:
Chat con los autores
Luces y sombras del periodismo actual.

POBREZAS, de Eduardo Galeano (Montevideo, 1940)

Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que no tienen tiempo para perder el tiempo.

Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que no tienen silencio ni pueden comprarlo.

Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que tienen piernas que se han olvidado de caminar,
como las alas de las gallinas se han olvidado de volar.

Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que comen basura y pagan por ella como si fuese comida.

Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que tienen el derecho de respirar mierda,
como si fuera aire, sin pagar nada por ella.

Pobres,
lo que se dice pobres
son los que no tienen más libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión.

Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que viven dramas pasionales con las máquinas.

Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que son siempre muchos y están siempre solos.

Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que no saben que son pobres.

martes, 22 de marzo de 2011

¿Guerra justa? Buff...

En pleno mareo por los conceptos de 'guerra justa' o 'violencia proporcionada' del post de Lluís Bassets de hoy y atónita por su 'fina' distinción entre la odiosa 'guerra preventiva' de Ánsar y la acertada intervención en Libia, me topo en la sección de comentarios con la opinión de un lector menos sospechosamente convencido que el director adjunto de El País de que todo lo que está pasando tiene una explicación (y solo una).

No acabo de ver eso de que si no opto por un mal menor estoy apoyando un mal mayor, ni que ya sabemos que hicimos mal en tolerarle sus mandangadas a Gadafi, pero estamos perdonados por haber reaccionado tan bien ahora. Me huele mal que todos los medios apunten en la misma dirección y que se justifiquen con calzador las contradicciones que encierra la intervención en Libia.

Por si pasa desapercibida la opinión, hago un copy-paste rápido de la entrada del lector y recomiendo seguir este hilo, con otras entradas muy interesantes y alejadas del maniqueísmo que rodea este tema.

"Para juzgar que una guerra es justa tenemos que tener una información fiable, lo cual no es el caso. En Irak nos dijeron que habia armas de exterminio masivo, y lo que habia es una banda de ladrones que asolaron, y lo siguen haciendo, un pais rico. Desde el petroleo a los bancos, museos y bibliotecas. En Afganistan, que alli estaba escondido un ciudadano saudí que habia cometido la horrible masacre del 11-S. Y nostros nos lo creimos inocentemente sin pedir pruebas. Y resultó que salvo los muertos todo era mentira. En Sudan que El Bachir habia asesinado a millones de "cristianos" y que los asesinos eran árabes (los sudaneses no son árabes) y les dejamos castrar un pais cercenandole la region mas rica (como hicieron con Kuwait, Biafra, Katanga....). Y nosotros les creimos. Ahora nos dicen que Gaddafi asesinaba a miles de sus ciudadanos. Y la verdad es que no les creemos. No hay ni una sola prueba. Libia es, como lo era Irak, un pais de alto nivel de vida, con una sanidad y un educacion que para ellos quisieran muchos paises europeos y, como a Irak, lo van a convertir en un erial. Para mayor gloria de un cretino, Sarkozy, que queria encumbrar a su hijo, sin ninguna formacion, a la cabeza del mayor centro financiero de Francia. Igualito que los dictadorzuelos del bajo mundo. Lo siento pero no me lo creo. Y menos cuando veo a los tertulianos en la TV repetir como un eco argumentos prestados. Gaddafi sera un imbecil pero es un imbecil libio y es a su pueblo el juzgarlo. Parece mentira que los socialistas, que tanto sufrieron en el 36 con la intervencion de Alemania e Italia y la impasividad de Francia e Inglaterra, se metan a asesinar libios para el bien de un tonto que quiere conseguir una poltrona cuando se acabe su nefaso mandato.

Publicado por: perieco
22/03/2011 18:44:40"

lunes, 9 de agosto de 2010

Ari, ari, ari

Con permiso del autor (metafórico, porque no tengo el gusto de conocerle), me permito reproducir la intervención de Harkaitz Cano el pasado 6 de agosto en el homenaje a Joxe Mari Korta. El acto fue un oasis de belleza en medio de un verano arisco y cambiante. No quería que quedara perdido. Me tomo la confianza de titularlo y de paso proclamar: Ari, ari, ari, Harkaitz lehendakari (con perdón, por lo que le toca).


EL ESPÍRITU DE LA ESCALERA, por Harkaitz Cano

"No tuve la suerte de conocer a Joxe Mari Korta, pero resulta inevitable al observar sus imágenes, leer su biografía, escuchar las palabras de la gente que lo conoció o las suyas propias, que era una persona de una energía inusitada, un emprendedor de raza, un hacedor diría yo. Y aunque no estoy en absoluto de acuerdo con la ingeniosa y a la vez incierta frase que afirma que "el que sabe hace, el que no sabe enseña, el que no sabe enseñar enseña a los que enseñan, y en el que no sabe enseñar a los que enseñan se mete en política" -como digo, no estoy de acuerdo, hoy tengo a los políticos demasiado cerca-, aunque no estoy de acuerdo con esta máxima, sí encuentro una admirable honestidad en la primera parte de la afirmación: el que sabe, hace. Incluso el que no sabe hace y aprende a hacerlo y después lo hace también merece una especial admiración. Aquel que hace sin queja, sin burla con esfuerzo, eligiendo un camino, ahondando en él. A veces las cosas son tan sencillas como eso.


En esta línea de hacer bien las cosas, Italo Calvino cuando volvió la vista atrás, hacia sus textos de juventud, encontraba especialmente enojosa la falta de concreción de sus propias palabras. Le desesperaba la brecha que existía entre lo que creía haber dicho y lo que al cabo de los años se dio cuenta que de veras dijo. Creía que el escritor se debía siempre a la palabra exacta. Joseph Brodsky llevaba a un punto aún más extremo la importancia de la expresión certera. Decía Brodsky en 'Del dolor y la razón': lo que me inquieta es el hecho de que el hombre con problemas para expresarse de forma adecuada recurre siempre a la acción, y como el vocabulario de acción se limita por así decirlo a su cuerpo, se ve obligado a actuar violentamente, a ampliar su vocabulario mediante un arma, cuando debería utilizar un adjetivo.

Somos humanos y la palabra exacta se hace esperar demasiadas veces. La frase brillante, que hubiera dejado admirados a los invitados siempre se nos ocurre al abandonar la fiesta, mientras descendemos las escaleras. Los franceses llaman a esto 'el espíritu de la escalera'. La palabra justa que llega demasiado tarde.

Yo diría que vivimos en una exagerada distorsión en la que lo que se dice, las palabras que se expresan, están a menudo muy lejos del sentido real de lo que uno desea expresar, lo cual es bastante frustrante para alguien de nuestro oficio. Sé que vivimos una época de crisis pero creo que urge en la administración la creación de un nuevo departamento, uno más -no sé si en la Unesco existe-. El departamento que yo propongo es el departamento de Restauración de Significados.

Seamos serios: democracia, normalidad... Resulta difícil pronunciar algunas palabras sin sonrojo. Hay que restaurar significados. Vladimir Nabokov pedía a sus alumnos que acariciaran los detalles. Acariciar los detalles. Porque si Dios existe, viviría en un detalle. Me atrevería a decir que este consejo destinado a escritores principiantes, es también válido para cualquier oficio y circunstancia. Acariciar los detalles. Y cuando los ánimos están caldeados y la sociedad dividida, es el rigor del detalle, la cansina y poco agradecida a menudo generosidad de matizar, lo que se nos hurta. Quien matiza puede no ser cómodo para sus interlocutores, pero es generoso. Generoso con todos, menos consigo mismo quizá, pues matizar continuamente implica grandes pérdidas de energía.

No sé si a ustedes les pasará, pero habiendo nacido en el País Vasco uno se encuentra muchas veces, por sorpresa, defendiendo una postura que no es la suya exactamente. No porque sea hipócrita o esquizofrénico, sino porque le irrita la brocha gorda mediática, por lo que siente que en el foro en el que se encuentra en ese momento su misión es esa: representar al ausente, ejercer de asterisco a pie de página, equilibrar la balanza, sembrar la duda en aquel que parece estar demasiado seguro de sus ideas. Militar en el "sí, pero", vacunarse contra lo categórico.

Me da que es parte -como se dice ahora- de nuestro capital humano haber desarrollado esta capacidad de barrer como un radar el entorno en el que nos encontramos en cada momento para detectar hostilidades enraizadas en prejuicios y tratar de neutralizarlas, modulando nuestras opiniones dependiendo de lo que hemos captado en el radar. Es un tipo de inteligencia emocional, si quieren, que va más allá del mero hecho camaleónico de la supervivencia. En el esfuerzo de hacer pedagogía se busca expresar las ideas de los que no están o en cualquier caso expresar mis ideas con el coeficiente corrector de los ausentes. Este ejercicio nos convierte en pequeños rodamientos que contribuyen al viraje. Nos permite convertirnos en el que dice "depende", en el que dice "no lo sé", en el que repregunta al interlocutor. Y nos ayuda incluso con el tiempo a expresar mejor lo que de veras pensamos.

Se trata prácticamente un ejercicio ficcionalizador, un ejercicio de narrador de relatos que desea llevar a buen puerto a sus personajes. Aunque en el fondo sabe que casi nada está en sus manos.

Frente a quien atiza, hay que defender a quien matiza. Frente el atizador, el matizador. Palabra que por cierto la Real Academia no admite, pero que no desmerecería como oficio en cualquier tarjeta de visita. Porque el matiz es un hilo de sutura, y no estaría mal -digo yo- especializarnos en un país que exporta, además de otras cosas, matizadores. Matizar cansa, pero es necesario. Matizar trae gasto de energía, pero es necesario. Imprescindible, diría yo.

Y tratándose de energía, esa energía que sin duda Joxe Mari Korta tenía, habrá que cuantificar alguna vez toda esa energía que ha sido arrebatada por eso que se ha venido llamando 'conflicto' o 'cosa' o 'criptonita' o como ustedes deseen llamarla. Habrá que cuantificar esa energía y empezar a dirigirla hacia otras direcciones, siempre y cuando la criptonita vasca no haya sido una especie de macabra excusa para nuestra falta de talento creativo. En nuestras manos está demostrar que no es así.

Gabriel Aresti en su poema más conocido y discutido se mostraba dispuesto a "defender la casa del padre", "nire aitaren etxea defendituko dut". Juan Kruz Iberabide revisando el poema de Aresti hablaba de la casa del padre como "ese edificio hipotético", añadiendo además que su padre vive de alquiler. Yo personalmente, en la misma línea que Iberabide, pienso que nuestra casa es una "casa tomada", en el sentido de aquel relato de Julio Cortázar en el que unos hermanos que viven en la casa de sus bisabuelos van cerrando herméticamente todas las habitaciones, porque una presencia incierta va tomando la casa, y no pueden volver a las estancias tomadas. Irene, uno de los hermanos protagonistas del libro, se dedica a tejer, y un día tejiendo se da cuenta de que esa presencia incierta ha tomado la estancia en la que se encuentra la madeja y no puede seguir tejiendo. Ha de abandonarlo todo. Los dos protagonistas del libro acaban cerrando la puerta con llave y tirando la llave al alcantarillado, no vaya a ser que alguien entre con toda la casa tomada.

Bien. Esta casa tomada es quizá la que ahora hemos de abandonar, bajando las escaleras, para que en ellas se nos acabe ocurriendo eso que en la fiesta no se nos ha ocurrido. La frase certera, aunque sea demasiado tarde".

domingo, 8 de agosto de 2010

Truco o trato

No hay dos sin tres. Me lanzo al bloggerismo con pocas esperanzas de continuidad, aunque con el propósito de dejar caer aquí algún apunte y esas pildoritas del día a día del periodismo que quedan fuera de las cinco columnas, por falta de tiempo, espacio o un criterio más acertado que el que acostumbra a predominar.